Nadie te entrega un manual cuando tienes hijos. Con el primero improvisas, con el segundo finges experiencia y con el tercero simplemente sobrevives con gracia. Nosotros ya vamos por tres: 8, 3 y 2 años. Sí, ya sé lo que están pensando. Y sí: ¡recomendado! jajaja.
El caos tiene horario
Las mañanas en casa son una operación militar sin ejército. Alguien no encuentra el otro zapato (siempre el mismo zapato), alguien exige panqueques cuando el plan oficial era cereal, y la niña decide que el día comienza a las 5:45 de la mañana porque ella es la jefa y así lo decretó.
Las noches no se quedan atrás: son una cumbre diplomática con tres delegaciones, cada una con su propia agenda. Agua. Otra vez agua. Un cuento más. Que el hermano me miró feo. Que la silla está fría. Y así, ronda tras ronda, hasta que los tres caen rendidos… y nosotros, dos segundos después.
Tres desconocidos que se volvieron socios (o enemigos)
Lo más hermoso es darte cuenta de que estos tres seres salieron de la nada, no se conocían, y hoy son un equipo. A veces son partners conspirando en un plan que inventaron en secreto; a veces son enemigos declarados por la propiedad de un camión de juguete. Depende de la circunstancia.
Ver cómo se construyeron entre ellos —ese idioma propio, esas alianzas, esas guerras de cinco minutos que terminan en abrazo— es algo indescriptible. Uno simplemente lo aprecia, en silencio, con el corazón lleno.
La fortuna de una niña
Dos niños y una niña. Recibirla fue una fortuna que ni sabíamos que nos faltaba: más risas, más drama, más ternura por metro cuadrado. La casa cambió de ritmo, de decibeles y de reglas, y ahora no nos imaginamos sin ella.
Formar personas
De toda la locura, esto es lo más pesado y lo más hermoso: nuestra responsabilidad es formar personas. Seres que algún día van a salir al mundo a pensar, sentir y decidir por sí mismos. Nosotros estamos aquí para sembrar valores, buen humor, respeto y la certeza de que pueden contar con nosotros. Es mucha responsabilidad. Y es algo que amamos.
Pero más que cualquier teoría de crianza, lo que más amamos es a nuestros niños: verlos felices y verlos sanos. Todo lo demás es bonus.
El lujo de estar disponibles
Trabajar en un formato remoto y digital, y ser dueños de nuestro negocio y de nuestro tiempo, nos da algo que el dinero no compra: flexibilidad. Estar ahí cuando nos necesitan, sin pedir permiso ni mirar el reloj. Irka y yo construimos Alterno para poder vivir así, y los niños son la razón número uno de por qué todo eso vale la pena.
Quizás aún no somos millonarios en dinero, pero somos millonarios en amor.
Veredicto después de ocho años de trabajo de campo: tres hijos, ¡recomendado! jajaja.



