Desde 2009 hemos trabajado con talento desde San Juan, Caguas, Villalba, Ponce, Miami, Colorado e incluso India. Y una cosa me queda clara después de cientos de proyectos: el problema en Puerto Rico nunca ha sido la falta de talento.
El talento boricua es de primera línea: creativo, bilingüe, con un entendimiento cultural que ninguna agencia del exterior puede replicar. Lo que a veces falta es la estructura para retenerlo: proyectos ambiciosos, liderazgo que apueste por el equipo y clientes que valoren el trabajo local.
El modelo remoto que adoptamos hace años cambió la ecuación. Nos permitió acceder a talento especializado donde esté, sin sacrificar la cercanía con el cliente. Las reuniones presenciales, las producciones en la isla y la relación directa siguen siendo parte del trabajo; solo que ahora la oficina es una red, no un lugar.
Mi apuesta para la próxima década es simple: mientras más negocios puertorriqueños entiendan que el talento digital de aquí compite en cualquier liga, más rápido se transforma la economía local. Nosotros, desde la agencia, seguimos apostando por eso todos los días.



