En la agencia usamos inteligencia artificial todos los días: para explorar conceptos, redactar variantes, analizar data y automatizar procesos repetitivos. Ha cambiado nuestra velocidad de producción de una manera que hace cinco años hubiera parecido ciencia ficción.
Pero la parte que más se repite en la conversación pública —que la IA va a reemplazar a los estrategas y creativos— es la que menos se sostiene. Lo que la IA no tiene es criterio: la capacidad de saber qué idea conecta con una audiencia específica, en un momento específico, en un mercado tan particular como Puerto Rico.
Los mejores resultados que hemos visto combinando IA con equipos humanos vienen de una división clara de trabajo: la máquina genera volumen y velocidad; el equipo humano decide qué vale la pena, qué es relevante y qué tiene la sensibilidad cultural correcta. Sin esa segunda mitad, todo se siente genérico.
Mi consejo para cualquier persona en la industria no es que tema la herramienta, sino que invierta en lo que la herramienta no puede hacer: entender al cliente, leer el mercado, editar con intención y responder por las decisiones. El criterio nunca estuvo tan caro.



